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Las patrióticas notas de La Bayamesa
Fue en el año 1868 ––cuando estalló la Guerra de los Diez Años y fue tomada por los españoles la ciudad de Bayamo (en el oriente de Cuba)–– que estallaron las estremecidas notas del canto revolucionario, hoy Himno Nacional de Cuba.
El 14 de agosto de 1867, Maceo Osorio le pidió a Figueredo que compusiera un himno para la revolución emancipadora. Esa noche Pedro (Perucho) Figueredo compuso la música y el 8 de mayo de 1868 le entregó la marcha hecha a piano al maestro de orquesta Manuel Muñoz. Así el día 20 de octubre, el pueblo congregado en su plaza, pidió a Perucho Figueredo conocer la letra del canto de guerra de los independentistas contra el poder de España para cantar por primera vez y en voz alta La Bayamesa, adoptada luego como Himno Nacional de Cuba. Sin embargo, no fue hasta la Constitución de 1940 cuando se aprobaron las primeras dos estrofas de La Bayamesa como himno. Las restantes rimas originaban controversias porque gran cantidad de mambises (patriotas) eran descendientes de españoles. Con el paso de los años algunas palabras se han alterado un poco, pero el espíritu de cubanía se mantiene en sus estrofas:
Al combate corred, bayameses /Que la patria os contempla orgullosa /No temáis una muerte gloriosa/ Que morir por la patria es vivir
En cadenas vivir es vivir/ en afrenta y oprobio sumidos/ Del clarín escuchad el sonido/ A las armas valientes corred.
(Versión al inglés)
To the combat rush on ward Cubanos / That our land may with pride look upon you. / Fear in death naught that is glorious; / For to die for one's country to live.
Life in chains is naught else but death; / In what shame and insult are we not humbled, / now the bugle, hear you not the call / Then to arms valiantly and to field.
Es válido aclarar que en la historia de Cuba existen dos canciones más tituladas La Bayamesa: la de José Francisco Fornaris y Carlos Manuel de Céspedes, autores de la letra con música de Francisco Castillo Moreno; y la de Antonio Gumersindo Garay García –más conocido como "Sindo" Garay
Cuba preserva la biodiversidad
Con el objetivo de garantizar la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad, se ha establecido en Cuba el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, el cual determina diferentes variantes y categorías de manejo de los territorios naturales.
Hasta la fecha, Cuba cuenta con 236 áreas protegidas que cubren aproximadamente el 22 por ciento de la superficie total del país y que comprenden las zonas de mayor relevancia ecológica, social e histórico cultural de la nación. Según datos del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), dentro de esta relación de sitios protegidos existen 79 áreas de máximo Interés, entre las cuales se encuentran las 6 Reservas de la Biosfera en Sierra del Rosario, Guanahacabibes, Ciénaga de Zapata, Buenavista, Baconao, Cuchillas del Toa, Paisaje Cultural de la Humanidad Viñales y en el Patrimonio Nacional de la Humanidad Desembarco del Granma.
También figuran 14 parques naturales, 25 reservas ecológicas, 7 reservas naturales, 8 refugios de fauna y 7 regiones especiales de desarrollo sostenible, constituidas por la Sierra Maestra, los archipiélagos de los Canarreos y Sabana-Camaguey, y los macizos montañosos de Guaniguanico y Guamuhaya.
Una de las especies faunística de importancia a conservar en estas zonas ecológicas de Cuba es el Tocororo (Priotelus Tenmurus spp.), considerado el Ave Nacional de Cuba porque posee los colores de la bandera, cabeza azul, blanco el pecho y rojo el vientre. En igual condición están dos especies de mamíferos en extinción y de alto valor: el Manatí (Trichechus Manatus spp.) y el Manguarí (Atractosteus Tristoechus spp.), este último el más primitivo de los peces cubanos que posee características reptilianas.
Actualmente están establecidos los procedimientos para la propuesta y declaración de nuevas áreas protegidas.
La aventura espeleológica en Cuba
Cuentan los espeleólogos que la pasión que los mueve a adentrarse en esta actividad es el traslado a un mundo subterráneo, desconocido y lleno de interrogantes. Estas grandes aventuras tienen en Cuba un ejercicio perfecto por las cómodas cuevas, profundas simas, cavidades y sistemas laberínticos que se extienden a lo largo de la isla. El elevado porcentaje de rocas carbonatadas ha hecho posible el desarrollo de todo tipo de procesos cársicos, de ahí que Cuba esté premiada de sistemas cavernarios fantásticos.
Las cuevas de mayor predominio son las de desarrollo horizontal con grandes galerías y salones llenos de formaciones secundarias. Las simas subterráneas producidas por la disolución de sus materiales tienen gran profundidad y algunas cavernas están inundadas de agua, lo que las hace ideal para el espeleobuceo.
El recorrido por galerías y angósticas cavidades puede conducir a lugares donde la presencia del arte simbólico de los aborígenes cubanos ha dejado su impronta, campo de investigación de arqueólogos, antropólogos y paleontólogos.
Los animales de los espacios subterráneos se han adaptado a este oscuro mundo, de ahí que también sea posible encontrar artrópodos, murciélagos, peces ciegos, anfibios, reptiles y otros que han logrado sobrevivir en este medio.
Al mencionar algunas de las cuevas más reconocidas en Cuba por su belleza y atracción deben figurar: en el Valle de Viñales la Cueva del Indio; en la Serranía de Quemados la Gran Caverna de Santo Tomás, considerada como el sistema de cuevas y ríos subterráneos más grande de la América Latina; en Matanzas las Cuevas de Bellamar, donde han sido hallados los dibujos más antiguos supuestamente realizados por los aborígenes de la zona; en Varadero las Cuevas de San Ambrosio, con antiguos pictogramas que reflejan figuras de conquistadores españoles; en Trinidad la cueva de Martín Infierno, donde se encuentra la mayor estalagmita de Cuba; y en la Isla de la Juventud las Cuevas de Punta del Este, vista posiblemente como la más importante estación arqueológica de Cuba por la gran cantidad de pictografías aborígenes de colores rojos y negros, cuya significación y origen constituyeron un profundo misterio en el campo de las manifestaciones precolombinas de las Antillas.
Los amantes de esta maravillosa actividad, encuentran sin duda en las cuevas de Cuba un fascinante mundo lleno de innumerables retos y descubrimientos, de belleza y de historias por dilucidar.
La cima de Cuba
La región oriental de Cuba posee un sistema montañoso muy importante en el cual se encuentra la mayor de las elevaciones del país: el Pico Turquino. Esta montaña tiene 1 960 metros sobre el nivel del mar y la componen tres picos: Pico Cuba, Pico Suecia y, el más alto de todos, Pico Real. Estos parajes poseen una extraordinaria belleza que conserva sus características originales. Las pendientes se vuelven más abruptas a medida que se asciende y la vegetación se hace más espesa, constituida
en buena parte por helechos arborescentes (Cyathea arborea, C. serra, Alsophila aspera, A. nitens, Hemitelia horrida, H.calolepis) cubiertos de una capa de musgos (Funaria hygrometrica, Selaginella emmeliana). Cuando llegue a la cima de Pico Real, podrá caminar entre las nubes y sentir pequeñas gotas de agua caer sobre su rostro.
La falda meridional de Pico Cuba tiene forma escalonada similar a una sucesión de fallas inclinadas, por lo que representa un gran atractivo para los visitantes, en especial para los estudiosos de la orografía. Su cima tiene una altura de 1 810 metros sobre el nivel del mar.
La falda septentrional del Pico Turquino ha sido denominada Paraíso de Bucher por la gran riqueza y abundancia de especies vegetales endémicas como algunas especies de helechos y palmas.
Los imponentes macizos montañosos coronados por blancas nubes, de seguro transportarán a los alpinistas a un verdadero paraíso terrenal.
La cabalgata, una opción diferente
La cabalgata es otra interesante y divertida actividad que los visitantes a la Isla pueden disfrutar a sus anchas. Y es que ésta puede ser una excelente vía para conocer el país de una manera distinta y típicamente criolla, de forma similar a los campesinos de las zonas rurales de Cuba.
Los cabalgadores podrán recorrer lugares inolvidables por su naturaleza, tales como el Valle de Viñales —considerado Monumento Nacional por sus bellezas naturales—, el Valle Ancón, el Hoyo del Ruiseñor, y ascender a elevaciones como la Loma del Mogote, el Pan de Azúcar, la Sierra Derrumbada, el Sitio del Infierno y Topes de Collantes, entre otros destinos interesantes distribuidos a lo largo y ancho de la isla.
Esta actividad se puede combinar con almuerzos en fincas campesinas o picnics, acampadas cerca de los ríos, alojamiento en instalaciones rústicas, caminatas, fiestas tradicionales y visitas a centros históricos de la zona, que de seguro son también de total agrado para los jinetes.
En una celda de La Cabaña...
Caminando por los laberínticos aposentos de la fortaleza San Carlos de La Cabaña, hube de llegar a la lúgubre celda donde fue reclutado y fusilado uno de los mayores poetas elegíacos del romanticismo cubano, Juan Clemente Zenea. Ha quedado allí parte de la historia de este hombre, nacido en Bayamo, en 1832, hijo de un teniente español y de una hermana del poeta cubano José Fornaris.
Su vida como adolescente la hizo en La Habana, donde ingresó en el colegio El Salvador, de José de la Luz y Caballero, aunque la mayor parte de su formación la adquirió por sí mismo. Se dedicó al periodismo desde los 16 años y su fortaleza de carácter lo llevó a escribir contra el gobierno colonial español en un periódico clandestino. Debido a ello tuvo que establecerse en Nueva Orleans, donde se mantuvo escribiendo artículos políticos, hasta que un decreto de amnistía en 1854 le permitió
regresar a Cuba y permanecer en su patria 10 años. Fue este un momento de grandes impulsos para la literatura cubana. Zenea, junto a Joaquín Lorenzo Luaces y José Fornaris formaban el grupo más destacado del lirismo cubano de aquellos años. En 1846 publicó sus primeros poemas en La Prensa, periódico habanero del que llegó a ser redactor en l849. Un folletín suyo aparecido en esta publicación durante una semana santa casi provoca que el Obispado lo excomulgara, de no mediar su padre, quien publicó una carta de detractación que le hizo firmar. Por estos años comienzan sus relaciones amorosas con Adah Menken, poetisa y actriz llegada a La Habana con una compañía de Nueva Orleans, lugar al que tuvo que volver por implicaciones relacionadas con sus colaboraciones para periódicos clandestinos. En esa ciudad reanudó sus relaciones con Adah, se afilió al club El Orden de la Joven Cuba y colaboró en El Correo de Luisiana, El Independiente y Faro de Cuba, en el que aparecieron sus campañas contra el gobierno español. Trasladado a Nueva York, se inscribió en la sociedad La Estrella Solitaria e hizo propaganda anexionista en La Verdad, El Filibustero, El Cubano.
En 1870 viajó clandestinamente a Cuba en circunstancias ambiguas, pues traía dos misiones, una relacionada con información encomendada por la Junta Cubana de Nueva York, y otra del gobierno español, que proponía a los insurrectos la autonomía a cambio de la capitulación. Cuando intentaba regresar a Estados Unidos, después de una infructuosa entrevista con Carlos Manuel de Céspedes, Presidente de la República en Armas, fue sorprendido por una columna española y detenido, a pesar del salvo conducto que le había entregado el embajador de España en Estados Unidos. Tras ocho meses de incomunicación en La Cabaña, en La Habana, fue fusilado. Cuentan que días antes de morir, el Cónsul de los Estados Unidos le llevó lápiz y papel para que escribiera los versos que retenía en la memoria y que formaron el Diario de un Mártir, publicado en Nueva York, con un total de 16 poemas. Hubo entonces de volver a mi mente algunos versos sueltos de Zenea ya leídos:
Mensajera peregrina/ que al pie de mi bartolina/ revolando alegre estás,/¿de do vienes, golondrina?/ Golondrina, ¿adónde vas?
Has venido a esta región/ en pos de flores y espumas,/y yo clamo en mi prisión/ por las nieves y las brumas/ del cielo del Septentrión.
Bien quisiera a contemplar/ lo que tú dejar quisiste;/ quisiera hallarme en el mar,/ver de nuevo el Norte triste, ¡ser golondrina y volar!
No busques, volando inquieta./mi tumba obscura y secreta,/golondrina, ¿no lo ves?/¡En la tumba del poeta/ no hay un sauce ni un ciprés!
Sobre el Cementerio Colón
El Cementerio de Colón de La Habana fue fundado oficialmente el 30 de octubre de 1871 y dedicado al gran navegante y descubridor de la isla. Abarca un área de 56 hectáreas de superficie, por lo que es considerado el mayor de América.
Lo primero que llama la atención es la entrada barroca de la necrópolis, con un arco del triunfo construido por el arquitecto español Calixto Arellano de Loira, con relieves y esculturas en mármol de carrara, del cubano José Vilalta de Saavedra. Ya en su interior, divididos por avenidas, aparecen panteones a escala de las mansiones coloniales, con arcos, cúpulas y vitrales de gran belleza, incluso tumbas de estilo funerario egipcio, y un panteón con una réplica de una iglesia italiana en
miniatura, realizada con una exquisitez increíble. Los caminos permanecen adornados con flamboyanes y palmas, que proporcionan un agradable descanso a caminantes que utilizan el cementerio para acortar distancias y a los propios visitantes de la necrópolis.
Entre sus piezas escultóricas más notorias está el monumento de diez metros de alto dedicado a un grupo de bomberos muertos trágicamente en acto de servicio; las estatuas del mausoleo erigido a los ocho estudiantes de Medicina asesinados por el ejército colonial español; y la escultura que reproduce a la dama Amelia Goyri de la Hoz, más conocida como “La Milagrosa”.
Sobre esta tumba se ha tejido una bella leyenda. Cuentan que esta joven tuvo que esperar que su padre muriera para poder casarse con el hombre elegido de su corazón. Sin embargo, durante su primer parto el niño y ella fallecen. Es enterrada con el niño a sus pies y dicen que al cabo de los años, al destapar la tumba, encontraron la criatura en sus brazos. Por todo ello La Milagrosa recibe a diario a devotos con flores y presentes, llegando a competir realmente con las restantes figuras sacras.
Figuras como Dulce María Loynaz, Alejo Carpentier y las cantantes populares Mercedita Valdés y Rita Montaner descansan también en este cementerio, acompañadas del amor y el calor de todo su pueblo.
Dónde obtener mapas de carreteras
Todos los viajeros que al llegar a Cuba deseen obtener un mapa de carretera de la isla, podrán hacerlo en las Oficinas de Información Turística (INFOTUR), donde también se ofertan afiches, tarjetas telefónicas, servicio de impresión, servicio de envío de fax y correo electrónico. Estas oficinas están ubicadas en:
-Aeropuerto Internacional José Martí, La Habana, terminales I, II y II. La Habana, Horario 24 horas
-Habana Vieja: calle Obispo e/ Bernaza y Villegas, Tel: (537) 33-3333, (537) 62-4586. Horario: 8:30 am - 8:30 pm.
-Terminal de Cruceros, Avenida del Puerto, Habana Vieja: calle Obispo y San Ignacio
Tel: (537) 63-6884. Horario: 8:30 am - 8:30 pm.
-Municipio Playa: 5ta Ave y calle 112, Miramar. Tel: (537) 24-7036 Fax: (537) 24-3977. Horario: 8:30am- 8:30pm.
-Playas del Este: Playa Santa María del Mar. Ave Las Terrazas e/ 11 y 12, La Habana del Este.
Horario: 8:30 am - 8:30 pm
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